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De viaje de negocios a Grecia

Publicado en: Aficiones | 1

Desde la terraza de mi habitación, en el hotel Plaza Resort, al sur de Atenas, escribo estas breves notas, mirando al Egeo.

El trabajo ha querido que venga hasta Grecia, cuna de la civilización occidental, para asistir a unas conferencias desde lo comercial a lo técnico de WoodWing Publishing Conference 2009.

Con vistas al Egeo, mar de la costa griega y turca que comparte sus aguas con el gran Mediterráneo, oyendo las olas golpear contra la arena de la playa, tras el jardín y la piscina, comienzo mi primer día de conferencias, que por ser el primero, es solo de acogida y bienvenida. Muy buena, por otro lado.

 

Pero empiezo por el final. Pondré un poco de orden. A la mañana madrugué menos que de costumbre, un taxi me llevó raudo al aeropuerto de Madrid-Barajas a coger mi vuelo de Iberia hacia Atenas. En este aeropuerto, la organización del evento nos espera cuantos llegamos para mostrarnos y ayudarnos para entendernos en griego con los taxistas, y si podemos, compartir gastos de taxi.

Me monto con tres personas más y nuestras maletas. 2 alemanes (que bueno hablar una lengua entre al menos 2 y que el taxista no te entienda), un polaco y yo. El maletero del coche con una goma porque no caben las maletas bien colocadas. Empieza la aventura.

Nuestro taxista sabía inglés. Menudo ‘espabilao’, de los que aún quedan. El trayecto del aeropuerto al hotel no llega a los 50 minutos, si vas recto, claro. Pero si te desvías del camino por una especie de polígono industrial, y pegas una vuelta hasta la costa que no es, y vuelves hacia el aeropuerto… canta un montón, ‘espabilao’! Y te pillan, por mucho que no conozcas algo. Uno de los alemanes, con su BlackBerry, con la que ya había mandado la foto del taxi a 4 para el Facebook, insinuó al taxista que había dado la vuelta, nos dijo que no, pero por señas, sin que el taxista se coscara, le dije al chico que si, que habíamos dado la vuelta. Empezó a utilizar su GPS y hablar del tema con el otro chico alemán. Al cabo de una hora le dijimos que parara, que sabíamos por dónde era el camino, que teníamos unas notas de la organización del evento que nos decía la ruta, el tiempo y el coste aproximado.

Cuatro tiarrones frente al taxista… reculó, lo admitió, aunque seguía diciendo que iba bien… pero le pedimos que pare. Conseguimos negociar que nos traiga directos al hotel, sin más vueltas y por el precio aproximado que conocíamos, en vez de los más de 60 euros que llevaba a mitad de camino, lo dejamos en 50, que es lo que suele costar.

Tardamos al final 2 horas, de los 50 minutos que suele ser lo normal. Por el precio que debe ser justo, así que… solos alió perdiendo él, nos llevó por la costa este hasta el sur y de vuelta a la costa oeste y al norte hasta llegar al hotel.

Llegados al hotel, entre risas y sarcasmos, cogimos nuestras habitaciones y directos al ágape en la playa.

Mañana será más serio todo, la organización no deja cosas al azar. Así da gusto estar aquí.

SaludoX

  1. Pablo
    | Responder

    Me gustaría ver más de cerca las tonalidades del Egeo STOP ¿No te has llevado la Lumix? STOP Tras las duras sesiones de «ala de madera» recuerda que a pesar de todo respiras la Historia en primera fila STOP Mejor huye de taxistas y arrójate en brazos de las cariátides.
    SaludOSX

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